Muchas personas permanecen en una relación dañina, quizás por miedo a la soledad o por dependencia emocional, creyendo erróneamente que necesitan una pareja para ser felices. Aguantan desprecios y dolor en lugar de buscar su bienestar. Esta dependencia nos lleva a tolerar situaciones que nos lastiman, olvidando que la verdadera alegría se encuentra en nosotros mismos, en la felicidad genuina que disfrutábamos de niños, cuando no necesitábamos a nadie más para sentirnos completos. Romper con esas cadenas no es fácil, pero es fundamental para recuperar nuestra paz interior. La auténtica felicidad nace del amor propio, de aprender a estar bien con nuestra propia compañía. Debemos cuestionarnos el precio que estamos dispuestos a pagar por la ilusión de estar acompañados, y recordar que la verdadera plenitud solo se logra al valorarnos y buscar nuestra esencia sin depender de otros. —Viviana Cárdenas ☕ Mi café de la mañana